A mis compañeros...

A mis compañeros, amigos, de la Laboral
A veces es lindo recordar tiempos pasados, digo a veces porque nunca falta quien no quiere hacerlo porque sus recuerdos, a lo mejor no son gratos... a esas personas les digo: ¡¡¡NO LEAN ESTO!!! Esto está dirigido a todos aquellos que recuerdan con gratitud, alegría, nostalgia e incluso, arrepentimiento, a veces no hicimos todo lo que podíamos hacer, esa linda y peculiar etapa.
En mi caso, lo pase muy bien, hice grandes amigos que creo conservo hasta el día de hoy; es rico recordar cómo nos conocimos siendo unos preadolescentes y hoy las conversaciones versan sobre como están nuestros respectivos hijos e hijas... en fin, son tantas las nostalgias y también los recuerdos gratos.
Creo que en todo curso existieron siempre los mismos perfiles de compañeros... el canijo, la loca, el payaso, el mariquita, el buen amigo, el amigo de todos, el simpático, el pesao, el deportista, el ligón, etc...
No contare mis vivencias ni mi historia personal, ni en que perfil encajo, porque la intención no ha sido esa... sino provocarles un poquito y reaccionar; a veces vivimos muy rápido nuestras vidas, nuestros trabajos... pero son pocos los momentos en que nos podemos detener y volver, aunque sea un momento, a nuestras raíces; conversar con aquellas personas que nos conocieron cuando aún no nos formábamos como personas, cuando aún nos daba miedo tener ideas, cuando juntos nos preguntábamos que nos depararía el futuro... bueno, ese futuro llego, y nunca es malo, volver a juntarse y hablar, con un trago en la mano, una cerveza, una bebida o sin nada... como antes, cuando nos unía una ilusión, un ideal y una jornada en común...
Amigos míos, mientras más uno va creciendo, más sabor van tomando esas pequeñas cosas y anécdotas que me toco vivir...
No mencione ningún nombre, sin embargo estoy seguro que a cada uno de ustedes se les vinieron un montón de rostros y situaciones a la cabeza... porque ya pasamos a formar parte de la vida de otros...
Un abrazo a la generación 1973-78 de la Universidad Laboral de Sevilla, a los que empezaron con nosotros y no pudimos terminar juntos, y ojala en estas reuniones, que surgen por iniciativa de cualesquiera de nosotros, podamos juntarnos y recordar los viejos tiempos...

Recordaros que los compañeros Poli y Félix Cabello se han ofrecido para organizar un próximo encuentro, Barcelona y Canarias, así que ir organizando “la agenda y culminando cualesquiera proyecto” que pueda impediros acudir.

a los 50...

Clica sobre la imagen para VER en tamaño natural

a los 50... arrugas.

Normalmente, cuando sale este tema todo el mundo da por sentado que una arruga en la piel es fea. Esos pliegues delatan la edad de la persona, el tiempo que lleva viviendo y el camino que ha recorrido hasta el momento en este mundo. Otros se atreven a sugerir que son símbolo de experiencia, como intentando quitar hierro al asunto.

Digamos que soy poco indicado para criticar la coquetería natural de los humanos; a todos nos gusta estar bien físicamente, por propia autoestima y por nuestras relaciones con el entorno. A todos nos gusta que, al intentar adivinar nuestra edad, digan menos años de los que realmente tenemos (pues es símbolo de que nos conservamos bien, ¿no?), a todos nos gusta que se nos valore también por el físico, por qué no. ¡Pero! ¿No es acaso la piel curtida la que nos hace referirnos a una persona como experta en la vida? Porque si nos ponemos a analizar el aspecto externo, la imperfección, sobre todo si la da el tiempo y no el nacimiento, es de una belleza superior a todo aquello que estamos acostumbrados.

Yo quiero tener arrugas en la cara. Las quiero en la frente y junto a los ojos, pues evidenciarán que he visto tantas cosas increíbles en esta vida que me han hecho entrecerrar los ojos, que se me ha quedado el gesto grabado en la faz. Quiero otras sobre el tabique nasal, por haber adoptado demasiadas veces el gesto de maliciosa duda. Quiero una piel curtida por el frío de Barcelona y el calor de Huelva, por el viento marino del Mediterráneo y el Atlántico, por el sudor frío de los nervios al enfrentarme a un nuevo proyecto. Y ante todo, deseo con todas mis fuerzas esos pliegues que se forman bajo la nariz y a los lados de la comisura de los labios, por haberme reído en esta vida hasta de la muerte.

La idea de la eterna juventud es para niños adultos; yo quiero la eternidad mientras viva.